Mi jefe me tiene manía

Fauna y flora empresarial

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    A todos los que tienen la suerte de trabajar les gustaría tener un jefe como el Robin Williams en “Toys”: divertido, alocado, estimulante, creativo… Sin embargo, la realidad es muy distinta. ¿El jefe nace o se hace? ¿Ser déspota viene con el cargo? Si el Principio de Peter es cierto, ¿nuestro jefe es un incompetente porque no puede ser otra cosa?

    No tenemos ni idea, pero lo que sí sabemos es que tipos de jefes hay par dar y tomar. Aquí vamos a ver unos cuantos.

    1. El jefe “Aquí mandan mis cojones”

    Quizás sea uno de los tipos más difíciles con los que trabajar y desafortunadamente, el más abundante. Le da igual saber que está equivocado: le puede el orgullo y acatarás sus órdenes so pena de sufrir un expediente disciplinario. Él tiene la sartén por el mango y debe demostrarlo continuamente, tanto ordenando imprimir los correos electrónicos como organizando reuniones los viernes a última hora de la tarde.

    Solución: Aquellos que estén bajo las órdenes de este tipo de jefes, tendrán que llenarse de paciencia tantas veces como intentéis hacerle razonar para que vea sus errores. Pero cuidado, te pondrá en el punto de mira: tienen más orgullo que profesionalidad. Son capaces de despedir a un trabajador antes que reconocer que éste tenía razón y él no.

    2. El jefe “mejor no menearlo”

    ¿Para qué cambiar las cosas si a mi antecesor le funcionaba, y al anterior, y al anterior, y así hasta el principio de los tiempos? Piensan que el hecho de que en estos momentos el sistema no funcione es porque lo estás haciendo mal, no porque la forma de ejecutar procesos haya cambiado. ¿Nuevas herramientas? No hay tiempo de aprender. ¿Redes sociales? Déjalas para tu tiempo libre. ¿Optimización de recursos? Calla, calla, no sabes lo que dices.

    Sólo de pensar que tienen que cambiar el procedimiento X les supone tener que hacer frente a miedo a lo desconocido. Y es curioso, pues en el pasado, posiblemente hayan arriesgado considerablemente su forma de actuar que, afortunadamente, les ha llevado donde están ahora… La pregunta es fácil: ¿por qué entonces sí que arriesgaba y buscaba nuevas formas de actuar y ahora no?

    Solución: Como siempre, paciencia y diplomacia para demostrarles que, cambiando determinadas cosas, los ratios de productividad van mucho mejor, al igual que el ahorro de tiempo invertido. Con ejemplos reales te hará caso y, si funciona, te dirán la famosa frase: “si ya os lo decía yo”.

    3. El jefe “manzanas traigo”

    Expertos en ser grandes oradores a la hora de dirigirse a sus trabajadores, te convencen de que ellos son lo más importante, que su desarrollo profesional debe ir línea con sus objetivos, que deben de cumplir los procedimientos por el bien común, etc. Eso sí, a la hora de la verdad, son los primeros que no cumplen ni horarios, ni procedimientos marcados. Porque sí, porque soy el jefe y estoy por encima del bien y el mal.

    Cuando les pides ayuda para conseguir una mejora profesional te responden: “es lo que hay”. Y si no te parece bien, ahí está la puerta.

    Solución: Lo mejor con estos especímenes es que todo lo que te prometan sin concretar te lo den por escrito. Menos palabras y más acciones.

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    Fuente: Zazzle

    4. El jefe “no tenéis ni puta idea”

    Te los imaginas con un palillo en la boca, acodados en la barra del bar, comentando el partido del domingo. Tiranos de su metro cuadrado de poder, al mínimo error de los miembros de su equipo les cae una bronca desmedida en la que sólo se reluce que ese trabajador es un inútil integral que no vale para nada. ¿Es que él no se equivoca? Pues claro, pero lo tapa rápidamente. Sistemáticamente, esa clase de jefes se queja de que sus trabajadores no se involucran ni comprometen y, ni mucho menos, de que aporten nuevas ideas. ¡Cualquiera lo hace!

    No olvides que, para este tipo de responsables, delegar significa ordenar: “¡Hazme esto para el lunes!”. La teoría que aplica es “búscate la vida y como no esté como espero, verás”.

    Solución: No te dejes achantar y hazles frente. Normalmente son gallitos de pelea con una vida personal lamentable. Aprovecha la cena de empresa para fotografiarle haciendo el ganso y quizás puedas hablar con él en igualdad de condiciones. Pero si puedes, ¡huye de ese jefe!

    5. El jefe “gran hermano”

    Todo lo ven, todo lo controlan, todo lo supervisan. No es desconfianza, es conocimiento, extenso e intenso. Provocan enormes cuellos de botellas en sus equipos porque no son cyborgs y no dan abasto con todo. Tienen que estar en copia en todos los correos electrónicos, sea del tema que sea y, para poder avanzar hasta en un pequeño comunicado interno sin importancia, hay que esperar a su supervisión y visto bueno.

    El problema es que muchas cosas que requieren una decisión en el momento se van aplazando y así cosas importantes se demoran por una mala planificación y gestión. Por supuesto, si un miembro de su equipo osa puentearle para agilizar los procesos de decisión que se prepare, independientemente de que fuese exitosa en la resolución.

    Solución: Si eres alguien dependiente y sin iniciativa es tu jefe ideal ya que nunca le harás sombra. El problema es que es fácil acostumbrarse a esa dinámica desmotivante, ya que el responsable último es él y tú, como trabajador, sólo tienes que hacer lo que te mandan. Cando otro jefe con ideas ocupa su puesto suele encontrar el rechazo del equipo, porque han de asumir responsabilidades a las que no están acostumbrados.

    6. el jefe “pues yo no lo veo”

    Suele acompañar su frase con un gesto adusto y cejas enarcadas. Duda de todo y mira constantemente todas las variables para que, tras una presentación de media hora que te ha costado una semana preparar, vuelva a dudar. Y vuelta a empezar: te vuelven loco pidiéndote muchas tareas e informes que requieren gran inversión de tiempo para luego rechazarlos. También piden otras cosas a última hora cuando ya no hay tiempo para poder maniobrar de forma coherente.

    Solución: El resultado del trabajo de su equipo suelen ser chapuzas y los resultados insatisfactorios. Eso sí, estos responsables están encantados con el resultado y, en caso de quejas del cliente, son sus colaboradores los que tienen que lidiar con el error y solucionarlo a la vieja usanza.

    7. El jefe “está reunido”

    Le viste una vez cuando ocupó el puesto, hay leyendas que circulan sobre dónde está casi todo el día “haciendo gestiones”, el de seguridad dice que una vez apareció a primerísima hora, la limpiadora le vio entrar en su despacho cuando todos os habíais ido. Eso sí, su despacho está vacío e impoluto, cargado con más archivos que el almacén donde se guardó el Arca de la Alianza. Nunca se les puede consultar nada y uno tiene que adivinar lo que esperan de ti y cuál es exactamente tu trabajo.

    Solución: Cuando por fin le pillas en la oficina, cualquier cosa es más importante que recibir a sus trabajadores, siempre colgado del teléfono o correteando de aquí para allá. Si tiene una reunión contigo le surge cualquier otra cosa o la aplaza para el final del día, despachándote en dos minutos. Lo malo de estos jefes: si por su ausencia has tenido que tomar decisiones en su nombre seguramente te prestará toda su atención, cosa que puede ser peor que el ojo de Saurón se fije en ti.

    8. El jefe “hasta el infinito y más allá”

    Cargan de trabajo a sus colaboradores hasta la extenuación, sin darles nada a cambio ni escuchar sus necesidades e inquietudes, y si llegan a los objetivos les incrementan la carga laboral un poco más. Total, uno no conoce su capacidad hasta que llega al límite. Cuando intentas comunicarle tu agotamiento parece que no captan el mensaje, respondiéndote con un conjunto de palabras sin sentido. Si la cosa se pone muy fea y ven que puedes pedir la baja, te dirán sus mejores palabras, te invitarán a comer y te convencerán de lo importante que es tu trabajo para la empresa.

    Solución: Algo sí tienes que agradecerle a estos jefes. Un día te cansarás y te marcharás a otro sitio donde cobrarás lo mismo o incluso algo menos, pero trabajarás muchísimo menos, tendrás tiempo para ti y los tuyos y valorarás lo importante que es tu tiempo libre. “¿Cómo me puedes hacer esto a mi?”, te preguntarán, “con todo lo que te he enseñado”. Tranquilo, no eres especial, al día siguiente encontrará a otro que se deje la piel por él y tu nombre nunca más volverá a ser pronunciado en su oficina.

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    Fuente: Muy Pymes

    9. El jefe “Agromán”

    Jefes hechos a sí mismos, que han empezado desde abajo, partiendo de cero o levantando una humilde empresa familiar heredada de sus padres. Los hay, y mucho, sobre todo, en la pequeña empresa. Pero, como dice mi padre, ellos habrán dejado el pueblo pero el pueblo no les dejó a ellos: no se han desarrollado en cuestión de maneras y educación y suelen avergonzarle a uno cuando se asiste a actos públicos. Suelen creerse Dios, por eso de la omniescencia y la omnipotencia, y actúan de esa manera.

    Solución: Para lidiar con ellos lo mejor es tener dos manos izquierdas, hacerles ver que tus ideas son suyas y llevarles a tu terreno. La parte positiva de estos jefes es que si confían en ti, lo harán para siempre. Habrá mil asuntos que no entienden pero saben que tú sí y lo dejarán en tus manos hasta sentir que el verdadero jefe eres tú. Lo malo: cobrarás lo mismo por tener todo el peso de la empresa sobre tus hombros, pero, ¡eh!, tendrás su respeto.

    10. El jefe “dueño del cortijo”

    No te atreves a moverte de tu mesa hasta que no han pasado 10 minutos de la hora de salir y te mira mal si consultas demasiado el móvil o tus llamadas personales duran más de lo estrictamente necesario. Suele quejarse continuamente de lo poco que rinden sus trabajadores, la cantidad de vacaciones que solicitan y defienden firmemente la jornada partida. Sin embargo, a la hora del café no se cortará en narrar su fin de semana esquiando, las bondades de su nuevo coche o lo poco que le gusta el nuevo novio de su hija, la cual pone copas en una discoteca a la que a ti nunca te dejarán entrar.

    Solución: Son improductivos, cargantes y a alguno se le ha visto paseándose por la oficina con una fusta. Para lidiar con ellos lo mejor es que desde el principio le acostumbres a cumplir estrictamente tu jornada laboral, casi al minuto. Rendirás lo mismo que el resto de tus compañeros pero te agotarás mucho menos. Para los tiempos muertos antes de irte a casa acostúmbrate a usar el Ctrl+Tab.

    Seguiremos con más tipos de jefes. ¿Cuál es el tuyo?

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