Cosas que molan en un bebé pero no en un adulto

Muérdete la lengua antes de decir "gu-gu ta-ta"

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Los bebés son unos seres descuidados, llorones, gritones, que sólo comen y defecan. Y también pequeños, sonrosados, delicados, graciosos… A lo mejor son tan monos para no tirarlos por la ventana. Pero, qué le vamos a hacer, cuando crecen y empiezan a hablar comienzan un proceso sin retorno en el que, con los años, terminan convirtiéndose en adultos grandes sin pizca de gracia.

bebéLo malo de este proceso es cuando estos adultos intentan retomar las costumbres que tenían cuando eran bebés y, lamentablemente, los demás se dan cuenta de lo ridículo de este comportamiento antes que el propio protagonista. ¿Por qué será que hay cosas que molan en un bebé y no en un adulto? ¿Porque el nivel de monería desciende con el tiempo? A saber, pero aquí te dejamos unas cuantas.

1º No tener dientes
Los dientes son una de nuestras armas más poderosas y a los bebés les encanta morderlo todo. Pero, en unos tiempos en los que existen dentífricos de todo tipo, color y sabor, cepillos de dientes a un euro, todo tipo de empastes y endodoncias y dentistas (que no sean sacamuelas) a los que se les puede pagar a plazos, no hay excusa para no conservar la mayoría de las piezas de adulto. O, al menos, disimularlo con fundas.
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2º Llorar espontáneamente
Que un adulto llore no le hace una nenaza. Ser alguien sensible, tampoco. Pero, sin motivo ni razón, estallar en un llanto incontrolable, es para hacérselo mirar. Los bebés tienen excusa porque de esa forma llaman la atención: estoy enfermo, tengo hambre, hazme caso… ¿Pero tú tienes que montar el show cada vez que necesitas un attention whore?
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3º El pelo tipo ‘código de barras’
Qué monos los bebés con su pelito lacio y sus entradas. De adultos lo perderán o no, pero a esa edad no pueden elegir. No como tú, que si pasas la calva por un lector marcará el precio del pan tostado. Anda, no seas ridículo y lleva la alopecia con dignidad, que pareces el portero de un teatro de vodevil arrabalero decimonónico.
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4º Mamar en público
Los bebés lo necesitan y a la mayoría de los adultos varones casi también. Lo que pasa es que los neonatos necesitan alimentarse así en sus primeros meses de vida, pero tú no necesitas hacer el monguer con la primera chica que conozcas por hacer la gracia. Hazlo con una vaca, a ver si es tan gracioso.
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5º Los tobillos rechonchos
La verdad es que las piernas de un bebé son objeto de gula para los padres a los que les guste jugar con sus retoños, tan arrugados y tiernos. Nada que ver con esos tobillos hinchados de tanto ver webs eróticas con una papelera llena de kleenex al lado. ¡Sal a dar un paseo, que las webs seguirán ahí cuando vuelvas!
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6º Los gorros de lana
Regla básica en fotos de bebés: TODO les está bien. Hasta esos gorros de lana con motivos absurdos que las madres se empeñan en que lleven, que al final hasta les terminan causando traumas. ¿O es que nunca os habéis preguntado por qué los sombreros cayeron en desuso después de 30 siglos? Exacto: por los gorros de lana. Así que tú, pretendiente a hipster de medio pelo, que sepas que no pareces un modernillo. Pareces bobo. Deja de ponerte esas mierdas con coletas.
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7º Ensuciarse
Los bebés tienden a tocarlo todo y no tienen conciencia del concepto de higiene. Si también es tu caso, deberías recordar que eso que cuelga de la pared no es un tentáculo del Dr Octopuss que dejaron de adorno, sino un grifo de ducha. Y sirve para lavarse y no amargarles el día a tus compañeros del autobús, metro u oficina.
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8º Señalar

Cuando comienzan a desarrollar sus capacidades cognitivas, los bebés tienden a señalar con ese dedito (que te comerías) lo que les llama la atención, mientras mascullan en su propio lenguaje. Los adultos, desgraciadamente, también señalan y también mascullan, aunque las intenciones varían: desde una tremenda bronca incipiente llena de reproches a punto de estallar, hasta muy hispana costumbre de señalar errores ajenos sin hacer acto personal de contrición. ¿Vuestra madre no os enseñó que señalar está muy feo?
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9º Jugar
Los mamíferos tienen la característica de que necesitan el juego para desarrollarse como adultos, de ahí que para los bebés todo sea un juego y aprendan mejor comprendiéndolo de esa forma. Otra cosa es que te pases el día delante de la consola matando zombis. ¿Recuerdas a tu amigo el de los tobillos hinchados? Al menos tiene una papelera…
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10º Mirar fijamente
Los bebés miran todo fijamente porque todo es nuevo. Además tienen la cualidad de no poner nervioso al receptor de sus miradas sino a enternecer al más pintado. Claramente, fisgón de mirada sucia, no es tu caso, y quizá sea ese el motivo de tu inexistente vida social. No ves el alma de los demás, los demás ven a un zumbado de ojos rojos que no parpadea.
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11º Ir desnudo
De adultos ya sabemos que las mejores cosas de la vida se disfrutan desnudos: la ducha, el baile, el yoga… Los bebés también lo saben y su falta de sentido del pudor les hace sentirse contentos y felices cuando están como vinieron al mundo. Otra cosa es la desnudez dentro de lo socialmente tolerable, cuando tu derecho a mostrarte denudo entra en conflicto con las arcadas de los demás al verte de esta guisa. ¿Qué otra cosa se disfrutaba más desnudo? ¡Ah! ¡La sauna!

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Muy grande Burt Reynolds. Quién le ha visto y quién le ve…

12º Hacer el bobo
En este punto queremos romper una lanza por los bobos vocacionales: agradecemos vuestro esfuerzo, pero no tenéis gracia. Nunca le llegaréis a la altura de la suela del patuco a un bebé graciosete que pone caras, que es lo más divertido del mundo. Así que, estimado eterno pretendiente a ser el “chispas” de las reuniones, relájate, aprende a dosificar y practica delante del espejo tus monerías, que internet está lleno de bebés que hacen lo mismo que tú de forma más espontánea e hilarante.
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