9 Joyas de arte erótico que inspiraron al mundo

Hitos de la sensualidad del siglo XX

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La figura del desnudo es básica para el dominio de las técnicas pictóricas. Más allá de la técnica, se ha usado el desnudo de mujer y el arte erótico para superar las barreras morales y culturales.

Veamos muestras del último siglo.

1º Retrato de Kate Moss (2002) – Lucian Freud (Berlín, 1922 – Londres, 2011)

El nieto del creador del psicoanálisis e íntimo del atormentado Francis Bacon tuvo una vocación tardía. Acabó su vida escandalizando a la sociedad británica con su retrato de la Reina Isabel II de Inglaterra y como el “artista vivo más caro del mundo”. Los colores grises y ocres apagados, su trazo grueso y esa denominada “petrificación de la melancolía” en ambientes sórdidos y descarnados demostraron que no estaba ya todo dicho en la pintura en el Siglo XXI. Sus cuadros revelan el pacto erótico que se establece con la primera mirada entre pintor y modelo si bien se consideraba a sí mismo “pintor de cuerpos, no de erotismo”. La Celebrity-modelo Kate Moss quiso conocerle y a los pocos días posaba para él. La obra alcanzó los 6 millones de $.

arte erótico

Fuente: Cultureleaks

2º Gran desnudo americano (Serie de 1970) – Tom Wesselmann (Cincinnati, 1931–Nueva York 2004)

Fue uno de los últimos grandes maestros del pop-art americano, pero no le gustaba que le encasillaran en esa corriente. Alcanzó gran popularidad por sus audaces e impactantes desnudos femeninos, casi siempre esquemáticos e influidos por clásicos: Tiziano, Goya o autores más modernos como Matisse o De Kooning. Mostraba objetos cotidianos (botellas, cigarrillos, pan…) con fines estéticos, maravillado por las texturas brillantes, los tonos chillones y el lenguaje persuasivo de la publicidad.

arte erótico

Fuente: Con la luna

3º La chiquita piconera (1930) – Julio Romero de Torres (Córdoba: 1874-1930)

Alcanzó el respeto y admiración de la generación del 98. Las mujeres le asediaban para ser inmortalizadas y en sus desnudos, que inquietaron a la sociedad madrileña, se hablaba de erotismo, placer y muerte. Sus retratos mostraban la “morbidez de la carne, y en sus obras la lujuria está tratada de forma altamente impresionante”. Representó un canon de belleza cautivadora de mujer andaluza y universal. Gozó de enorme popularidad en su ciudad, que se conmocionó con su muerte y aquí está su última y más célebre obra.

4º Mujeres amantes (1915) – Egon Schiele (Tulln an der Donau 1890 – Viena 1918)

Uno de los grandes figurativos de principios del siglo XX que integró el expresionismo austriaco. Rodeado de misticismo y con un talento muy precoz, murió con sólo 28 años pero dejó 340 pinturas y 2.800 acuarelas y dibujos. Presentó una tensión erótica existencial y psicológica para difundir un mensaje de crítica social contra la falsedad de la burguesía. Más que una liberación del yo, su arte muestra un conflicto interno del sujeto individual que le enfrenta en relación a las autoridades. Decía que: “pintaba la luz que proviene de los cuerpos” y “¡La obra de arte erótica también tiene santidad!”. “Una única obra de arte “viva” es suficiente para lograr la inmortalidad del artista…”.

5º Desnudo Rojo (1917) – Amedeo Modigliani (Livorno, 1884 – París, 1920)

Prototipo del artista bohemio que apenas vendió un cuadro. Retrató el universo sensual femenino reflejando a amantes, compañeras y a su esposa Jane, joven y hermosa, que se suicidó tras morir él. Para el escritor José Luis Muñoz, esta obra muestra un “erotismo descarado. A la belleza de la modelo, una de sus amantes, muchacha de largo y fuerte cuello, anchos labios, ojos rasgados, delicados pechos, estrecha cintura, pronunciadas caderas y exuberantes muslos, hay que añadir su postura placentera, de permanecer echada sobre ese fondo rojo, que da nombre al cuadro, con los brazos abiertos, una posición oferente y seductora, de abandono, antes o después del acto amoroso”. En la que sería su única muestra en 1917 en la galería de Berhe Weil, junto a Matisse, Picasso o Utrillo, los desnudos de Modigliani fueron los que suscitaron un escándalo mayúsculo que llevó al comisario de policía a intervenir amenazando con secuestrar los cuadros si no eran retirados: la presencia del vello púbico, al parecer, resultaba intolerable para la época.

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Fuente: ArteHistoria

6º Las señoritas de Aviñón (1907) – Pablo R. Picasso (Málaga, 1881 – Mougins, 1973)
Obra fundacional del Cubismo aunque no cumple estrictamente los criterios del movimiento que Picasso construiría con Braque o Juan Gris. Podría llamarse ‘protocubista’ y está influida por el primitivismo africano. No se expuso hasta 1916, a pesar de considerarse la primera gran obra del siglo XX. Apollinaire, poeta vanguardista y gran autor erótico, la llamó El burdel filosófico pero André Salmon le dio su título por la calle Avinyo de Barcelona, donde estaban las casas de lenocinio. Incluía inicialmente figuras masculinas pero tras 800 estudios preparatorios (!) Picasso acabó dejando a las 5 protagonistas. Se anticipó al estilo de alguna de las musas de Pedro Almodóvar.

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Fuente: Xombit

7º Judith con la cabeza de Holofernes (1901) – Gustav Klimt (Baumgarten, Austria 1862 – Alsergrund 1918)

Su fuente de inspiración fue el cuerpo femenino y su desnudo dotándolo de mucha sensualidad. Una belleza en el arquetipo decimonónico de mujer fatal: demacrada, enfermiza y mórbida, más apegada a las clases adineradas: blancas de mejillas rosadas, labios rojos y carnosos. Klimt supo combinar el realismo del retrato con un decorativismo extremo en fondos y vestidos. La naturaleza abiertamente erótica de sus obras solía verse “suavizada” por un enfoque alegórico más admisible para la pacata opinión pública burguesa. Klimt lideró el movimiento de La Secesión vienesa, ascendió socialmente y llegó a ser muy reconocido. Las astronómicas cifras alcanzadas por sus obras en los últimos años prueban que su éxito comercial no ha decaído un siglo después. Circunscrito al Art Nouveau (Modernismo) otros le ven más Simbolista, por su contenido sugerente, o la forma con la que se relacionan las figuras con el fondo en una atmósfera irreal y misteriosa.

8º El baño de Diana o ‘La fuente’ (1870) – Camille Corot (París, 1796 – ibídem 1875)

Este paisajista creció próximo a las ideas ilustradas, de quien adquirió el gusto por la naturaleza siendo precursor del impresionismo. Alcanzó el éxito con la Exposición Universal de París de 1855, donde Napoleón III adquiere uno de sus cuadros. En esta tela de finales de su vida, fatigado ya por la neblina difusa y las hojas de los bosques, prefirió los retratos o elementos geométricos en los que no falta la belleza de la luz ni su visión sutil de la atmósfera. Su pintura rezuma más dulzura que erotismo manifestándose siempre con asombrosa ingenuidad. Sus obras superan hoy los 3-4 millones de euros y recientemente la española Carmen ‘Tita’ Cervera se despendió “con gran dolor” de uno de sus paisajes para obtener ‘cash’. Se puede visitar en el museo Thyssen-Bornemisza La fuente y estudiar su carácter simbólico, físico, mítico, técnico o histórico, dentro de una serie guiada de obras que hacen un análisis del Agua.

Licenciado en Periodismo. Asesor de comunicación y formador. Periodista en evolución para medios escritos, audiovisuales, empresas o agencias de publicidad. Jugador de raqueta en involución. Interés por la información cultural, social, económica o de ocio y abierto a descubrir y divulgar nuevos puntos de vista.

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